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2012/06/02
2012/06/01
Todo por reescribir sobre nuestra historia. La necesidad del análisis de las causas y consecuencias de la conquista
| Todo por reescribir sobre nuestra historia. La necesidad del análisis de las causas y consecuencias de la conquista |
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Pero en cada momento de una época cualquiera, la diplomacia de la política, ha sido convencer a sus interlocutores de la bondad de los hechos en la forma que su autor relata. El trabajo del gobernante ha sido y es convencer al contrario de las teorías o intereses propios, donde naturalmente entra el engaño. Y lo más peligroso es, que el interlocutor que medra, es el que asume el sistema, por lo cual tiene que reafirmar las tesis que lo mantienen. Se trata de una realidad incontrastable, donde las preguntas crean vacíos: Al escribir la historia ¿podemos describir los hechos de forma amorfa, sin analizar a los responsables de las causas? ¿Fueron veraces los autores de los hechos, cuando ellos mismos dieron la información en su provecho? La deducción es que las versiones oficiales (y en muchos casos únicas), son obligadas doblemente, dado el interés que han conllevado y las estructuras montadas con ellas. Naturalmente, cuando hoy se sopesan sus hechos como asentados históricamente y sus consecuencias se viven hoy (la unidad a Castilla, la monarquía, las prerrogativas del clero, etc.), la comunicación que nos ha llegado necesita una visión abierta, de cómo nos ha llegado la información, y se impone un estudio de las formas de comunicación empleadas y los objetivos buscados. Verdades como templos han sido tergiversadas. En la época de los años 1450-1530, agramonteses y beamonteses, no existieron como grupos autónomos (sino en obediencia y dependencia de don Juan y don Carlos de Viana, sus banderas, y las de sus sucesores. La historia de la guerra civil continua, se ha manipulado a favor de quien provocó los acontecimientos. Durante la conquista de Navarra, la unidad de obediencia militar fue total. Los escritores coetáneos, no conocieron beamonteses ni agramonteses con dichas nominaciones. Hoy no se escribe sobre ellos, ni sin aludirlos como tales. El “pacto” de 1841 no fue tal, sino una ley de Cortes; la Gamazada conllevó la caída de Gamazo, pero no eliminó la política de imposición del gobierno. El 1er cuarto de siglo XX, fue una época en la que el gobierno se fue imponiendo a base de leyes generales, que obligaron al Convenio Económico del año 1927. Ningún Convenio económico fue mejor que el anterior, sino que todos introdujeron nuevas facultades para el Estado, al tiempo que las perdía Navarra. Hecho tan concreto, no tiene correlación informativa de los hechos. Desde 2007 se viene celebrando el 800 aniversario de la batalla de las Navas y el 500 de la ocupación del reino de Navarra, con relatos y conferencias que desvirtúan la realidad de los hechos. Los “agravios” del Estado no se enseñan en las universidades; éstas se dedican a “educar”. La estanqueidad del sistema, también es contraproducente. Parece que la época de Franco fue un hecho muy anterior a nuestro tiempo, pero todavía hoy los académicos que examinan hicieron sus tesis con Franco. Por lógica de vida, no veo a estos doctores calificando a sus alumnos con tesis que contradigan las suyas. Desde la Universidad hasta la más apolítica sociedad cultural necesita apoyos económicos para sobrevivir o ven limitados sus presupuestos por el sistema, que los juzgará políticamente. Es decir, se hallan sujetas a un status que, como cauce de comunicación, limita la información a la voluntad de quien ejerce el poder en el Estado. Y lo más grave es que sus directrices dependen de ese Estado que gobierna por las leyes generales y condiciona las subvenciones al paralelismo de sus planteamientos. Desde los diferentes gobiernos de Navarra se ha venido modelando el relato de los hechos, a la convergencia de sus intereses, conservando sus gobernantes la ortodoxia más favorable al sistema establecido, e inherente a dar la imagen de la justicia y bondad de las jerarquías actuales, y consecuentemente de la suya propia. La historia de Navarra tras su conquista pues, ha venido siendo escrita desde los parámetros de dicho rey católico y sus sucesores, ajustando los relatos según las necesidades del poder y de sus corifeos. Resulta irónico que Navarra haya pasado de ser reino y Estado a provincia autónoma, con una historia oficial, en la que siempre hemos ido engrandeciéndonos, con trastamaras, austrias, borbones, y sus sistemas imperiales, cesáreos y absolutistas. La falta de cambios estructurales para poder disentir de la versión única y manipulada ha hecho que la ortodoxia de los sistemas de la España Plus Ultra, haya impedido contrastar las épocas habidas hasta el presente. Un importante teórico de la bondad de la conquista de Navarra ha escrito que en Navarra no hubo gran preocupación por escribir sobre su conquista, porque los relatores navarros no le dieron mayor importancia (y eso que me consta que conoce la existencia de prohibiciones para investigar, como le ocurrió a Oyhenart), le lleva a deducir que fue bien aceptada. Pero si echamos un vistazo también a la edición oficial de los jesuitas José Moret y Francisco Aleson, acordada por las Cortes de Navarra (todo dentro de la línea oficial), necesitaron siete permisos escritos y razonados por diferentes órganos (desde la misma Diputación a la Inquisición), para que se diera permiso y se admitiera su publicación. La Historia que hoy está sin escribir es la silenciada por los gobernantes, que entre tanto, promueven, costean y publican oficialmente relatos parciales y sin el debido contraste. Desde 2007 se viene celebrando el 800 aniversario de la batalla de las Navas y el 500 de la ocupación del reino de Navarra, con relatos y conferencias que desvirtúan la realidad de los hechos. Esto mismo explica y aporta razones para contrastar fuera de las vías para-oficiales. Nos hallamos en plena ofensiva por mantener una versión que, a día de hoy se hunde por sus cuatro costados. El sujeto actual de nuestro interés, Fernando de Trastamara, rey de Aragón y gobernador de Castilla en nombre de su hija, se montó una trinidad supra-natural que le sirviera de justificación de sus actos, hechos como necesidad. Su eje de poder lo basó en asentarlo a nombre de su hija, por la voluntad de Dios y a favor de la Iglesia. Hizo del sistema su manual irrebatible hasta para el papado, y así lo inculcó a sus embajadores, subordinados y adeptos. No hace falta sostener como novedad que Fernando de Aragón, llamado por sus coetáneos “griffón” (animal fabuloso de grandes uñas) se valió de falsedades para obtener sus ambicionados propósitos. Lo descubrió tempranamente su coetáneo Maquiavelo y lo expuso como ejemplo de príncipe sin escrúpulos. Sus actuaciones precedieron a las justificaciones posteriormente declaradas. La ocupación de Navarra fue preparada desde seis meses antes. Lo mismo se vio con las bulas para la invasión, cuya aplicación realizó antes de recibirlas. Rompió las conversaciones con los enviados navarros cuando al mismo tiempo mandó a invadirla a su general que ya tenía preparado. El “texto” del Tratado de Blois lo recibió antes de secarse los sellos prácticamente, desde una distancia de varios días. Cambió su auto-titulación de depositario del reino por la de ser rey “natural” al mes de haber asegurado lo contrario, etc. Sus manipulaciones han sido ocultadas por la historia oficial, en versión bondadosa para su autor. Y sólo hablamos de las relaciones de Fernando con Navarra, y durante los hechos del corto período menor a un año. Fernando de Aragón actuó en total correspondencia con sus ambiciones. Tanto el rey de Inglaterra (su yerno) como el emperador (su consuegro doblemente) se llamaron a engaño con sus actuaciones, dobleces, marchas atrás y adelantos de actuaciones, malamente explicados. El falso tratado de Blois sirvió a Fernando para difamar a los monarcas navarros y enfrentarlos con aquellos de sus súbditos que tenían intereses en Castilla. Luego acusó a los monarcas navarros, de agresores a sus reinos, precisamente los agredidos. Actualmente se trata de justificar desde las esferas oficiales, que lo ocurrido fue según los criterios y lógica existente en el siglo XVI, lo que vuelve a ser otra manipulación en defensa del sistema establecido. No se trata de justificar desde el relato, sino de relatar para el juicio de los hechos. Constata Azcona cómo Fernando el católico preparaba psicológicamente a sus colaboradores. Con su personalidad maquiavélica más que habilidad diplomática, ocultaba a sus embajadores la verdad de sus planes, puesto que engañados, persuadían mejor a sus interlocutores: “Lo mismo actuaba en persona para ocultar sus intenciones. La afirmación se puede documentar con la preparación de la conquista de Navarra. Fue llevada a cabo durante meses a lo largo de la geografía castellana. Dicha preparación fue, ante todo, una campaña de opinión para conseguir de los pueblos sin resistencia, la prestación de hombres de guerra, de pertrechos y de bastimentos”.1 El falso tratado de Blois sirvió a Fernando para difamar a los monarcas navarros y enfrentarlos con aquellos de sus súbditos que tenían intereses en Castilla. El engaño lo aplicó a su propio hijo, el arzobispo de Zaragoza, que pasó a los encerrados de Tudela la noticia de que el mariscal de Navarra, el prior de Roncesvalles y otros ya le habían jurado, creyéndolo verdad, y sin ser desmentido nunca. La falsa noticia todavía hoy se halla en vigor. En el siglo XVI se carecía de los medios de comunicación actuales, pero por ello, no hemos de situarlos en inferioridad mental. Para mantenerse en el poder el uso de la comunicación era absolutamente necesaria. A partir de ahí, la única distancia existente es la de la ética individual o de grupos. Y para el alcance y mantenimiento del poder, los escrúpulos éticos carecen de sentido, cuando menos hasta el presente, y no creo que avancemos en la línea de corregirlo. Resulta imposible resumir en un artículo, los planteamientos de cada hecho en sus versiones acertadas y desacertadas, por lo que me limito a dar la versión que estimo más acertada. El hecho es que versiones actuales, ni siquiera fueron realizadas por quienes las vivieron. Las demandas de las Cortes y del ayuntamiento de Pamplona, como instituciones esenciales y unánimes, cuando pidieron el juramento de sus reyes en presencia física en el reino al respeto a sus fueros, ya nunca fueron atendidos. En el tema institucional no existieron parcialidades, sino que el ayuntamiento de Pamplona y las Cortes de Navarra tomaron sus acuerdos plenarios de forma unánime, sin ser atendidas ni por Fernando, ni por Carlos, ni por sus sucesores, acudieron a jurar los fueros para tomar posesión de la Corona, tal como prometieron. Se limitaron a ratificar los juramentos de sus virreyes, que asentaban en ellos su obediencia previa al monarca. Todavía el año 1560, las Cortes de Navarra con acuerdo unánime, ofrecieron la Corona de Navarra al príncipe Carlos (hijo de Carlos I), para reinar únicamente sobre este reino, petición a la que tampoco fueron atendidos ni respondidos.2 Las múltiples versiones de respeto a nuestro Fuero y Derecho por los reyes, al “reino de por sí”, o la unión de “eqüe principal”, no se dieron. Romper el silencio es para mí una obligación institucional. La búsqueda de obtener la aprobación de leyes propias fue infructuosa durante 200 años. Cuando finalmente se permitió publicar la aprobación de la hoy Novísima Recopilación Foral (de nulo sentido jurídico al presente), en 1725, permitiendo sólo las leyes posteriores a la conquista. Los redactores por Navarra intentaron hasta el año 1716, introducir la ejemplar Unión de Pamplona, obtenida como privilegio de Carlos III el año 1423, sin conseguirlo a pesar de la unánime aprobación de hacerlo de toda la sociedad de Navarra, desde sus instituciones de Cortes y del Regimiento de Pamplona. El ansia mostrada por tener leyes propias, y de la continuada labor desarrollada, al par de las impresentables excusas para no realizarlo, es recogido (aunque sin profundizar en las causas y su crítica), en un trabajo actual.3 Todo un reto para animar a la investigación en busca de la realidad histórica, entrando al análisis de las causas y causantes de impedir a los navarros y su comunidad social poseer leyes propias en y de Navarra. En tanto no se asienten estos y otros hechos reales, nos hallamos a falta de cimentar nuestra propia historia. 1AZCONA (1994), p. 287 y n. 10 y 11. Cita a Saavedra Fajardo, en Idea de un príncipe político cristiano representado en cien empresas, p. 692. Valencia 1662. 2ESARTE MUNIAIN Pedro Represión y reparto del Estado navarro (siglos XVI y XVII) La nación vasca, expolio franco-español PAMIELA 2007. 3GOBIERNO DE NAVARRA El fuero reducido de Navarra 1989, Vol. I, pp. 21-94. |
"El Derecho internacional, todavía hoy, reconoce a Navarra como nación"
Congreso sobre la conquista de navarra
"El Derecho internacional, todavía hoy, reconoce a Navarra como nación"
Pamplona. Tomás Urzainqui, historiador y presidente de la Asociación Xavier Mina, ejerció ayer como primer ponente del congreso con su conferencia La independencia de Navarra en los tratados internacionales.
¿Por qué ha elegido precisamente los tratados internacionales tras la conquista como tema para su ponencia?
Por que del estudio de los textos jurídico políticos en los tratados internacionales se constata la independencia y la relación de Navarra, en igualdad, con el resto de Estados. Eso supone un reconocimiento mutuo de la independencia de los otros países y de Navarra. Sí es cierto que después de la conquista Navarra se convierte en un sujeto político pasivo de la política internacional, pero lo importante, el descubrimiento, es que existe como sujeto pasivo incluso a partir del siglo XVII.
Además de ese reconocimiento como nación, ¿a qué otras conclusiones ha llegado tras el estudio de los citados textos?
Principalmente que Navarra, en la Historia, no era una especie de territorio perteneciente a la Corona de Castilla o a los reinos hispánicos, no era algo dependiente de una antigua monarquía visigótica como se ha pretendido; una visión que ha sido el sustrato ideológico del expansionismo castellano. Con el examen de los tratados y de las relaciones internacionales se demuestra que Navarra era una realidad europea que incluso iba a los concilios de la Iglesia, que funcionaban como si fueran asambleas de las naciones europeas de la cristiandad. Los convocantes del concilio convocaban de pleno derecho al Reino de Navarra y a sus Cortes, invitación que implicaba un reconocimiento.
¿Cuáles han sido los principales tratados a los que ha hecho referencia?
Me he centrado en una época que va desde 1479 hasta 1620, que son los 150 años en los que se consolida el Estado pirenaico de Navarra-Bearne, territorio soberano que no reconocía a ningún soberano por encima de ellos. Mi ponencia la he dividido en dos fases: los tratados de paz previos a 1512, el primero de los cuales es el de Alain de Albret, en el que se pacta un respeto mutuo, es decir, que Navarra no va a favorecer la invasión de los reinos de Castilla y que, a su vez, los reinos de Castilla no van a invadir Navarra. En la segunda fase de tratados, que va de 1512 hasta 1526, se suceden una serie de acuerdos en los que se trata de conseguir que las potencias, sobre todo Francia, cumplan la promesa que habían firmado de ayudar a Navarra si se producía una agresión de otra potencia extranjera. En estos tratados, como el de París de 1515, los reyes de Navarra pretenden recabar la ayuda de Francia; y, de hecho, Francisco I llegó a comprometer su ayuda. En este sentido, los intentos de reconquista, sobre todo los de 1516 y 1521, fueron acompañados de gestiones diplomáticas y de tratados internacionales; es decir, no solo son el inicio de una reconquista militar, sino también el inicio de una movilización diplomática. En resumen, la primera fase sería los tratados de paz y la segunda corresponde a la Navarra independiente, que se vuelve a consolidar, y su participación en las relaciones internacionales, de la mano de Enrique II o Juana de Labrit.
¿De qué forma todo ese conocimiento y reconocimiento de Navarra como Estado internacional se puede trasladar y analizar desde la presente Comunidad Foral?
Lo importante es que todavía hoy Navarra es sujeto político pasivo en Europa, y para probarlo basta con hace referencia al tratado vigente entre España y Francia sobre la frontera del Pirineo, que es de 1856, y dice literalmente que se han estudiado los derechos privados y políticos, existentes antes de la separación de las dos Navarras para la redacción del tratado. Algunos tratan de alguna manera de dibujar proyectos políticos sin darse cuenta de que hoy, el derecho internacional está reconociendo por activa y por pasiva la existencia de la nación; es decir, no se trata de construir o de inventarla, esa nación existe con sus instituciones, con su constitución y con su lengua.
http://www.noticiasdenavarra.com/2012/06/01/ocio-y-cultura/cultura/el-derecho-internacional-todavia-hoy-reconoce-a-navarra-como-nacion
2012/05/17
2012/04/28
Infanzones de Obanos
Antonio Urra Maeztu
Antonio Urra Maeztu
La Junta de Infanzones de los siglos XIII y XIV haría buen papel en la Navarra actual. La institución de los Infanzones fue tolerada en su nacimiento por Sancho VII el Fuerte y menos aceptada por los Teobaldos de Champagne y Enrique I. Fue una institución independiente, elegida democráticamente y que representaba a las distintas comarcas del Reino. Se les llamó Infanzones de Obanos porque se reunieron muchas veces en este pueblo céntrico dentro del Reino, el Ayuntamiento de Obanos recoge en su escudo el sello de los infanzones con la inscripción: Pro libertate patriae, gens libera state, que viene a decir en castellano, más o menos, Sed libres para que la patria sea libre. Los objetivos de la junta fueron: defender al pueblo de los posibles atropellos de los mandatarios y exigir al Rey el juramento para que defendiera la identidad, los derechos, libertades, usos y costumbres de Navarra. Los infanzones no toleraban a los gobernadores extranjeros por no haber nacido en Navarra, los imponían los reyes de Champagne, sin conocer los usos costumbres y la identidad del Reino. La Junta de Infanzones no cayó bien a algunos reyes y, a veces, tampoco a la Iglesia, sufrieron excomuniones, destierros y hasta ejecuciones. El papa Gregorio IX intentó disolverlos. Se tildó a la Junta de subversiva y en ocasiones debió actuar desde la clandestinidad. Difícil resumir toda la actividad de la Junta de Infanzones durante aquellos dos siglos. Fue una institución, aunque antigua, plenamente democrática y sumamente exigente con la actuación de los reyes. ¿Tolerarían nuestras autoridades de hoy una institución semejante que defendiese, hasta las últimas consecuencias, nuestra lengua cultura e identidad?
http://www.noticiasdenavarra.com/2012/04/28/opinion/cartas-al-director/infanzones-de-obanos
http://www.noticiasdenavarra.com/2012/04/28/opinion/cartas-al-director/infanzones-de-obanos
2012/04/25
2012/04/21
El vocabulario independentista
El vocabulario independentista
http://alavaestadodenavarra.blogspot.com.es/2012/04/el-vocabulario-independentista.html?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed:+AlavaEstadoDeNabarra+(ALAVA+ESTADO+DE+NABARRA)
Si, fuimos conquistados, ocupados y colonizados, unos más que otros, pero lo que nos deja claro escrito nuestra historia propia, es que nuestro país fue cambiando conquista tras conquista y los ocupantes desde ese momento, iniciaron una etapa de sometimiento hacia nuestro pueblo, que por suerte para nuestra supervivencia, todavía tras 958 años de ocupación, no han podido materializar.
El sentimiento de independencia, sigue vivo al día de hoy en nuestro pueblo, aunque son claramente visibles los estragos culturales, que la ocupación militar y política de nuestro estado, han creado en las opiniones de nuestro pueblo.
A nosotros los estatalistas nabarros, se nos pide que expliquemos como vamos a recuperar nuestra soberanía y como va a ser nuestro estado, cuando llevamos esperando 40 años y todavía no hemos escuchado, cual es la hoja de ruta para la consecución de la Euskadi independiente que nos ofrecen los partidos aranistas.
Si el objetivo que tenemos los independentistas, que no nos sentimos españoles ni franceses, es la consecución de un Estado, tenemos que hablar en las tertulias, en las charlas, en nuestro día a día, de Estado, que aunque la palabrita suene tan fea, visto el coco que siempre han representado nuestros Estados vecinos, es hoy por hoy el único ente que puede representar a un pueblo ante el concierto internacional.
Ahora que ya se han terminado las discusiones familiares de que ETA si o ETA no, ha llegado el momento de hablar con propiedad política, si queremos ser independientes y dejar de utilizar conceptos como, normalización, falta de violencia, democracia, mayorías, parlamentos, derechos y gobiernos, pues representan la realidad política que nuestros colonizadores, nos aplican para tenernos entretenidos y despistados de nuestro verdadero objetivo.
Hay que empezar a recuperar nuestra cultura política y utilizar en nuestro vocabulario, palabras que describan claramente el objetivo. Hay que hablar de elecciones propias, hay que hablar de urnas extranjeras impuestas, hay que volver a utilizar la palabra fuerzas de ocupación, que para eso están . Hay que hablar de nuestra Republica y dejar de mandarle flores a la república de los españoles. Hay que hablar de Gobierno de nuestra República en vez de hablar del Gobierno y el presidente de la Monarquía española y la Republica Francesa. Hay que pensar en nuestras cortes y nuestros representantes en vez de gastar miles de euros, para obtener escaños en la corte del nuestro ocupante. Hay que hablar de nuestra economía y nuestro modelo social, en vez de colaborar con los presupuestos del colonizador e intentar cambiar España para que nos deje independizarnos.
En definitiva, un nuevo modelo de pensamiento respecto al que se nos presenta, en el escenario político que los españoles han decidido aplicarnos, para que nos sintamos libres dentro de la Jaula La respuesta, está en la historia de Navarra, nuestra propia historia y a partir del conocimiento sentirás el significado de la palabra colonizado y después de esto comenzaras a descolonizarte y veras la situación politica desde un punto de vista totalmente diferente y entenderás cual puede ser el camino, que realmente te lleve a tu liberación.
Esto unido a los miles de Nabarros que consigamos este cambio en la mentalidad política, nos llevará sin lugar a duda a todos, hacia nuestra libertad.
Nabarra 958 años desde el comienzo de la ocupación.
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Si, fuimos conquistados, ocupados y colonizados, unos más que otros, pero lo que nos deja claro escrito nuestra historia propia, es que nuestro país fue cambiando conquista tras conquista y los ocupantes desde ese momento, iniciaron una etapa de sometimiento hacia nuestro pueblo, que por suerte para nuestra supervivencia, todavía tras 958 años de ocupación, no han podido materializar.
El sentimiento de independencia, sigue vivo al día de hoy en nuestro pueblo, aunque son claramente visibles los estragos culturales, que la ocupación militar y política de nuestro estado, han creado en las opiniones de nuestro pueblo.
A nosotros los estatalistas nabarros, se nos pide que expliquemos como vamos a recuperar nuestra soberanía y como va a ser nuestro estado, cuando llevamos esperando 40 años y todavía no hemos escuchado, cual es la hoja de ruta para la consecución de la Euskadi independiente que nos ofrecen los partidos aranistas.
Si el objetivo que tenemos los independentistas, que no nos sentimos españoles ni franceses, es la consecución de un Estado, tenemos que hablar en las tertulias, en las charlas, en nuestro día a día, de Estado, que aunque la palabrita suene tan fea, visto el coco que siempre han representado nuestros Estados vecinos, es hoy por hoy el único ente que puede representar a un pueblo ante el concierto internacional.
Ahora que ya se han terminado las discusiones familiares de que ETA si o ETA no, ha llegado el momento de hablar con propiedad política, si queremos ser independientes y dejar de utilizar conceptos como, normalización, falta de violencia, democracia, mayorías, parlamentos, derechos y gobiernos, pues representan la realidad política que nuestros colonizadores, nos aplican para tenernos entretenidos y despistados de nuestro verdadero objetivo.
Hay que empezar a recuperar nuestra cultura política y utilizar en nuestro vocabulario, palabras que describan claramente el objetivo. Hay que hablar de elecciones propias, hay que hablar de urnas extranjeras impuestas, hay que volver a utilizar la palabra fuerzas de ocupación, que para eso están . Hay que hablar de nuestra Republica y dejar de mandarle flores a la república de los españoles. Hay que hablar de Gobierno de nuestra República en vez de hablar del Gobierno y el presidente de la Monarquía española y la Republica Francesa. Hay que pensar en nuestras cortes y nuestros representantes en vez de gastar miles de euros, para obtener escaños en la corte del nuestro ocupante. Hay que hablar de nuestra economía y nuestro modelo social, en vez de colaborar con los presupuestos del colonizador e intentar cambiar España para que nos deje independizarnos.
En definitiva, un nuevo modelo de pensamiento respecto al que se nos presenta, en el escenario político que los españoles han decidido aplicarnos, para que nos sintamos libres dentro de la Jaula La respuesta, está en la historia de Navarra, nuestra propia historia y a partir del conocimiento sentirás el significado de la palabra colonizado y después de esto comenzaras a descolonizarte y veras la situación politica desde un punto de vista totalmente diferente y entenderás cual puede ser el camino, que realmente te lleve a tu liberación.
Esto unido a los miles de Nabarros que consigamos este cambio en la mentalidad política, nos llevará sin lugar a duda a todos, hacia nuestra libertad.
Nabarra 958 años desde el comienzo de la ocupación.
2012/04/20
Imposición de las actuales fronteras por Francia y España
Imposición de las actuales fronteras por Francia y España
Aitzol Altuna Enzunza
Voltaire (1694-1778 París): El pueblo vasco es “un pueblo que canta y baila a ambos lados de los Pirineos”.
Iñaki Aginaga, Iparla 10 (año2011): “Los pueblos no se someten nunca si tienen fuerzas para impedirlo, no aceptan nunca los derechos de agresión y de conquista. Los pueblos resisten porque existen, existen porque resisten”.
Tras la conquista de Nabarra, convertida desde entonces en una colonia de Francia y España, la tensión entre los dos Estados imperialistas fue constante, las fronteras no quedaron delimitadas ni mucho menos, los Pirineos nunca fueron una frontera en miles y miles de años, al contrario fueron el refugio y nexo de unión de las gentes de ambas vertientes.
Las fronteras del reino de Nabarra por el sur están bien delimitadas en varios pactos o Tratados Internacionales. Así, en el Pacto de Tamara del año 1127, los reyes de Nabarra y de Castilla (Alfonso I “el Batallador” y Alfonso VII respectivamente), firmaron la no agresión a la territorialidad nabarra y ratificaron con ello el pacto anterior que en 1016 selló el gran rey nabarro Sancho III el Mayor, según consta en el documento 166 del Cartulario del santuario riojano de San Millán de la Cogolla.
“Una concordia y acuerdo acerca de la división del reino entre Pamplona y Castilla, como ordenaron Sancho conde de Castilla y Sancho rey de Pamplona, tal como les pareció. Esto es, desde la suma cima al río Valle Venarie, hasta el Grañe donde está el mojón sito y collado Muño, y desde Biciercas y desde siguiendo hacia el río Razon, donde nace; después por medio del monte de Calcaño, después por la cima de la cuesta y por medio de Galaza, y allí está hasta el río Duero. Don Nuño Álvaro de Castilla y el señor Fortún el mojón, y hasta el río Tera, allí esta Garrahe (Garray), antigua ciudad abandonada, y hasta el río Duero. Don Nuño Álvaro de Castilla y el señor Fortún Oggoiz de Pamplona, testigos y confirmantes. Año 1016”.
Esta territorialidad es ratificada internacionalmente de nuevo en el laudo arbitral de Londres de 1177, conocido como “Division of Kingdons of Navarre and Spain”, en el que la representación nabarra ante el rey inglés -que hace de árbitro- reclama la devolución de los territorios invadidos en aquellos años por Castilla de: “Cudeio –bahía de Santander-, Monasterio (Rodilla), Montes de Oca, valle de San Vicente (La Riojilla), valle de Ojacastro (Rioja Alta), Cinco Villas (Siete Villas de Anguiano), Montenegro (Cameros), sierra de Alba hasta Agreda (Soria) y las tierras comprendidas entre esos puntos y Navarra…”.
Como queda escrito en los acuerdos internacionales entre los diferentes jefes de Estado, en el sur pirenaico, son nabarros los habitantes de las actuales demarcaciones de: Alta Navarra, Bizkaia, Gipuzkoa, Alaba, La Rioja completa, la parte occidental de la actual provincia de Cantabria (creada entre mediados y finales del s. XIX: Trasmiera, el Bastón de Laredo y todas las antiguas tierras Enkartadas con Castro Urdiales –todas autrigonas-), Belorado (riojilla), Bureba, montes Obarenes con Miranda de Ebro, Valle de Mena y la Castilla la Vieja, repobladas todas ellas con baskones (por tanto en aquellos siglos euskaldunes), estando la frontera en: Atapuerca, Montes de Oca, Garray (antigua Numancia), la Extremadura soriana hasta San Esteban de Gormaz y la confluencia de los ríos Duero y Tera.
En 1940 en Londres, en plena Segunda Guerra Mundial, el Consejo Nacional Vasco presidido por Manuel de Irujo redactó un anteproyecto de Constitución para la Nabarra peninsular, el cual en su artículo 5º la declaraba como unidad territorial del Estado baskón por el Sur el del reino histórico de Nabarra: "(…) Sus límites son: al Norte los Pirineos y el Golfo de Vizcaya; al Este el río Gallego; al Sur el Ebro hasta Gallur y la divisoria de las aguas entre las cuencas del Ebro y Duero a partir de Moncayo en toda la extensión de ambas vertientes; y al oeste el Cabo de Ajo (Peña Cantabria en Santander)”. En todos los mapas cartográficos internacionales éstas son las fronteras políticas aceptadas para los baskones o nabarros, tal y como se puede comprobar en “Mapas para una nación” de J.M. Esparza (edit, Txalaparta 2011).
Por el norte, en la Baskonia continental, el único pacto aceptado por todas las partes, se produjo en el año 1010 entre el rey nabarro Sancho III el Mayor y su vasallo Sancho Guillermo, conde de la Baskonia continental, y donde también estaban presentes el duque de Aquitania Guillermo V “el Grande” (ducado entre los ríos Loira al Garona) y el rey de Francia Roberto II “el Piadoso”. La reunión tuvo lugar con motivo del “redescubrimiento” de la cabeza de Juan el Bautista en Saint-Jean de Angély (Poitou), perdida tras una masacre vikinga y donde se refundó la abadía benedictina acogida a la orden cluniense del gran abad San Odilón, amigo personal de Sancho III el Mayor que introdujo después esta orden en su reino a través del principal centro espiritual del reino, el monasterio de Leire.
Después de estos pactos internacionales sólo hubo invasiones militares, a veces volvieron las tierras ocupadas a Nabarra otras no. Las principales invasiones hasta el presente del reino baskón de Nabarra en el Sur se pueden resumir en:
1054-58: Regicidio de Atapuerca: comarca de Urbel, La Bureba y Castilla Vieja (hoy llamada Merindades).
1076: Regicidio de Peñalén: Trasmiera (desde la bahía de Santander a Santoña) y montes de Oca.
1134: Gran parte de Rioja (definitiva en 1179)
1136: Apropiación del condado de Aragón, el de Sobrarbe y el de Ribagorza, así como el valle de Ansó (que no pertenecía al condado de Aragón) por el conde de Barcelona y el regulo Ramiro II “el monje” que se independiza y convierte en reino.
1173: Miranda de Ebro y el castillo de Malmasín (Arrigorriaga, Bizkaia)
1179: Comarca riojana de Logroño.
1199-1200: Las actuales Bizkaia (con las Enkartaciones completas hasta Castro Urdiales), Gipuzkoa y Alaba nuclear (con el valle de Aiala), así como Miranda de Ebro.
1463: La Sonsierra y tierras de Bernedo (hoy Rioja Alavesa y la comarca de Bernedo –ambas en Alaba- y la Sonsierra de la provincia de Rioja).
1512: Alta Navarra.
Las principales invasiones del reino baskón de Nabarra al Norte fueron:
1152-1174: Ocupación por Aquitania de la Baskonia continental (la Baskonia romanzada o Gascuña, Lapurdi y Zuberoa -ésta definitivamente en 1309-. Aún así, Lapurdi y Zuberoa mantuvieron el vasallaje también a Nabarra -Manex Goyhenetche, “Historia General del País Vasco” -)
1453: Lapurdi, Zuberoa y Gascuña en poder de Francia tras la “Guerra de los 100 años”.
1620: Ocupación militar de Baja Navarra y Bearn, más los Estados pirenaicos de Andorra y Donezan de la corona Nabarra
Tras la conquista del sur nabarro que empezó en 1054 y acabó en 1524, Baja Navarra siguió libre desde 1530 hasta 1620, pero el imperialismo español quería toda Nabarra. En 1596 “las Españas ” intentó tomar la labortana Baiona por sorpresa, que estaba bajo el “protectorado” del vizcondado independiente del Bearn que compartía jefe de Estado con la Nabarra libre (Baja Navarra), pero no los consiguió. No será el último intento de España de conquistar toda Nabarra.
En 1612-1614 se marcaron las fronteras por primera vez entre Baja y Alta Navarra. Enrique III de Nabarra, “el bearnés” (“el nabarro” en la historiografía francesa, “navarre”), implantó a los Borbones en Francia con el título de Enrique IV, coronas que mandará separar en todo mediante el Edicto de 1607. Tras la regencia de María de Médicis, esposa de Enrique III de Nabarra, subió al trono su hijo Luis XIII de Francia (1614-1642), el cual gobernó apoyándose en el cardenal Richelieu que se encargó de convertir a Francia en un país fuerte y unificado en el período llamado de “terror”, origen de la palabra “terrorista”, o como este Cardenal católico sentenció: “para hacer una tortilla, hay que romper los huevos”. En el plano internacional, la política de Luis XIII siguió orientada contra la dinastía austríaca de los Habsburgo que gobernaba en las Españas y el Imperio alemán.
El 15 de Octubre de 1620, Luis XIII rey de Francia, ayudado por el cardenal Berulle, entró con una tropa en Pau, para proclamar la unión a la corona francesa de la corona nabarra y del pueblo de Bearn, es el llamado “Edicto de la Unión”. Los Estados de Nabarra (el equivalente a un parlamento) se opusieron con fuerza pero el reino estaba militarmente ocupado por las tropas francesas. Tras el Edicto de la Unión también se anexiona Francia los Estados independientes de Bearn y Andorra así como Donezan, pertenecientes a los reyes nabarros de la familia Labrit o Albret-Foix: “(...) por este Edicto, perpetuo e irrevocable, unimos e incorporamos dicha corona y país de Navarra y nuestro país y soberanía de Bearn, Andorra y Donezan, y tierras que de ellos dependen (...)”. El reino pirenaico reunido en Juntas, rechazó el Edicto pero fue incapaz de hacer frente al poderoso ejército francés. En 1621, en el debate de los Estados de Bearn, se acordó por unanimidad declara “traidores a la patria” a todos los que aceptarán el Edicto de la Unión con Francia. Por tanto, Luis XIII no fue reconocido por los representantes de Nabarra y Bearn como su rey,
Relata Gastón Marcelo Zambelli la situación que se vivía en esos años en Europa: “El ejército sueco aniquiló a las tropas imperiales (alemanas) en la batalla de Breitenfels, Gustavo II (de Suecia) llegó luego hasta el Rin y venció en Lutzen en 1632, batalla que le costó la vida. Para enfrentarse a las victorias suecas, los Habsburgos unieron sus fuerzas. El Imperio (alemán) y España (de los Habsburgo) lucharon juntos y la victoria empezaba a decantarse a su favor, por lo que Francia decidió intervenir. Richelieu organizó la alianza europea contra los Habsburgos (Casa de Austria) contando con Suecia, Holanda, los Cantones Suizos y los principados italianos. Solo quedaron fuera Inglaterra, Rusia y Turquía”. El cardenal Richelieu que gobernaba con mano dura el reino de Francia en nombre de Luis XIII, había declarado un amenazante "tanto Navarra como el franco-condado nos pertenece".
Sigue Zabelli con su relato: "Fue en 1639 cuando la escuadra española cayó derrotada, también los tercios españoles fueron vencidos por el ejército francés en 1643-1648 en la batalla de Lens. Luego de los acontecimientos mencionados en 1648, los imperiales firmaron el Tratado de Paz de Westfalia. Este Tratado reguló las relaciones entre el Imperio (Alemania y su intransigente emperador católico, otro Fernando II) y sus miembros constituyentes por un lado, y entre Francia, Suecia y sus aliados, por el otro. Con este tratado, la estructura europea dejaba de ser vertical (presidida por el Imperio y el papado) y Europa se convertía en un mosaico de estados nacionales laicos. Es el nacimiento de la política internacional moderna.
En la frontera catalana del sur, los franceses devolvieron a los reyes españoles territorios ocupados a cambio del dominio sobre el Rosellón, el Conflent, el Vallespir y una parte de la Cerdaña. Los negociadores españoles aceptaron la mutilación de Cataluña a cambio de mantener posiciones en Flandes . Polonia, Rusia e Inglaterra no firman el Tratado. España es una de las grandes perdedoras y se resiste y continúa la guerra".
Dentro de ese contexto, en el año 1636, el ejército español saqueó Iparralde: Urruña, Ziburu y San Juan de Luz. Como respuesta, en 1638 la flota francesa sitió Hondarribia pero fue expulsada el 8 de septiembre de 1639 en un contraataque del pueblo de Hondarribia por la que recibe el título de ciudad, con la oposición de las Juntas de Gipuzkoa, pues toda la provincia había participado en la defensa -además muchos alto navarros, y Gipuzkoa entendían que ahora Hondarribia fuera su primer municipio en orden de importancia.
El ejército español en 1650 trató de tomar Baiona por sorpresa, pero la denuncia de la joven heroína local María Garai salvó la ciudad del saqueo y de la conquista. Tomando Baiona, toda Lapurdi hubiera quedado en manos del nuevo conquistador. Pero los españoles perdieron definitivamente y finalmente se firmó al “Tratado de los Pirineos”.
Así es como dos de las grandes potencias mundiales del momento, España y Francia, decidieron finalmente repartirse el reino nabarro, al ver que ninguno lo conseguía en su totalidad. La actual frontera militar española-francesa, totalmente artificial y sólo justificable por la violencia armada ejercida contra los nabarros, se fija en 1659 con el "Tratado de los Pirineos" en la isla de los Faisanes en el río Bidasoa, llamada "Konpantzia" en euskera, condominio que pertenece durante 6 meses a Irun y otros 6 a Hendaia, hoy municipios de Gipuzkoa-Lapurdi ocupados por España-Francia.
El llamado Tratado de Paz de los Pirineos se produjo después de 24 conferencias llevadas a cabo entre Luis de Haro (familia de los traidores a Nabarra) y el Cardenal italiano Mazarino en 1659 (que era la persona que realmente mandaba esos años en Francia, la primera potencia mundial para entonces); el Tratado fue ratificado por el compromiso matrimonial contraído entre el rey Luis XIV de Francia, “el rey Sol”, y la infanta española Mª Teresa hija del rey Felipe IV de España (primo-hermano suyo por doble línea).
Fue Monseñor de Olce el obispo que ofició la boda en la iglesia de Donibane Lohitzune o San Juan de Luz -en poder de Francia-, cuya puerta de salida se tapió para que nadie más pasara por ella. Para sellar el pacto-boda, se celebró por poderes en la Iglesia de Hondarribia -en poder de España- una segunda ceremonia.
En el mismo tratado, el rey de Francia, que también lo era, supuestamente, de Nabarra, renunció a sus derechos sobre el viejo reino y aceptó la actual frontera pirenaica, pero siguió usando el título de “rey de Francia y Nabarra” hasta casi la Revolución Francesa. De hecho, el primer Borbón en gobernar España, Felipe V de Anjou, en el Tratado de Utrecht de 1714 que puso fin a la sucesión dinástica, renunció ante su abuelo el rey Luis XIV de Francia a sus derechos sobre las coronas de Francia y Nabarra para ser reconocido como rey de “las Españas”, aunque estos supuestos derechos eran inexistentes en el caso de Nabarra, separados ambos reinos por su tatarabuelo Enrique III “el bearnés”, siendo la soberanía francesa como la española una simple invasión y colonización para ambos reyes, que no les daba derecho sucesorio alguno.
Este Tratado de los Pirineos, relata Pierre-Laurent Vanderplancke, “En Alta Navarra dividió el bosque de Irati y separó los lugares comunales tradicionales de pastoreo de Kintoa (Quinto Real), y, peor aún, se rompió entidades culturales y políticas muy antiguas ratificando la separación definitiva de Navarra y los territorios vascones y amputando el Rosellón y el Conflent en Cataluña, e incluso a un pueblo del norte la frontera lo separa de la iglesia y del cementerio, situados al otro lado” (Publicado por Avui - El Punt- en marzo del 2012).
En 1765 el rey español y el francés de turno firmaron el “Tratado de Elizondo” (Baztan), para marcar la frontera entre Baja Navarra y Alta Navarra, pues no estaba marcada en su detalle. El más claro ejemplo de lo arbitrario de esta división -que recuerda a la división de África con escuadra y cartabón-, es el pueblo de Luzaide, famoso por la estrepitosa derrota en el año 778 en el mismo del emperador franco Carlomagno de la que toma su nombre romance “Valcarlos”. El municipio de Luzaide-Valcarlos, quedó en parte para España dentro de Alta Navarra y en parte para Francia dentro de Baja Navarra, siendo la parroquia del barrio Ondarrola la de Luzaide pero su ayuntamiento el del barrio de Arnegi, el cual quedó en Baja Navarra convirtiéndose en un nuevo municipio y por tanto como colonia francesa. Urdazubi, Zugarramurdi y Luzaide son poblaciones hoy alto navarras pero insertadas tardíamente en esta nueva frontera política por lo que hablan todavía los dialectos labortano y bajo navarro.
Lo cierto es que hasta el "Tratado de Baiona" de 1856, reinando Isabel II en España y el emperador Napoleón III en Francia, el río Bidasoa no fue frontera entre ambos imperios. Ambas orillas del río en su desembocadura al mar Cantábrico eran jurisdicción de Hondarribia e incluso la población de Hendaia (hoy dentro del Imperio francés) no era sino un barrio de dos casas (Iturriaga y Etxeberri) de la localidad gipuzkoana. El barrio de Behobia en Irun se situaba a ambos lados del río (hoy Behobia y Behobia-Pausu). En ese tratado, el valle de Aldude, que hasta entonces había formado una unidad territorial, queda dividida entre los dos Estados conquistadores del Estado de Nabarra, País Baskón, que se reparten el botín de guerra. Además se situaron las demarcaciones entre Alta y Baja Navarra en el Baztan, Valderro y Baigorri. Así son varios los pueblos del Pirineo que vieron como la nueva frontera imperialista pasaba por la mitad de los mismos. En 1868 se marcaron la frontera ambos imperios a la altura de Huesca y Lleida.
Tras todo este reparto del botín del reino baskón de Nabarra, la frontera entre España y Francia tiene actualmente 602 mojones divisorios. El mojón con el número 1 lo pusieron los imperialistas en la margen derecha del río Bidasoa, debajo del puente de Endarlatsa y el acantilado de Txapitelakoarria. En este lugar confluyen los municipios de Irun (Gipuzkoa), Biriatu (Lapurdi) y Bera (Alta Navarra). El último mojón que divide el Pirineo está en Cap Cèrbere (Cataluña). Está claro que los verdaderos separatistas son los imperialistas españoles y franceses que nos imponen una “muga” (frontera) totalmente artificial en nuestro hábitat natural que siempre han sido los Pirineos, fruto de la brutal violencia armada que han ejercido y ejercen contra nuestro pueblo.
Aitzol Altuna Enzunza
Voltaire (1694-1778 París): El pueblo vasco es “un pueblo que canta y baila a ambos lados de los Pirineos”.
Iñaki Aginaga, Iparla 10 (año2011): “Los pueblos no se someten nunca si tienen fuerzas para impedirlo, no aceptan nunca los derechos de agresión y de conquista. Los pueblos resisten porque existen, existen porque resisten”.
Tras la conquista de Nabarra, convertida desde entonces en una colonia de Francia y España, la tensión entre los dos Estados imperialistas fue constante, las fronteras no quedaron delimitadas ni mucho menos, los Pirineos nunca fueron una frontera en miles y miles de años, al contrario fueron el refugio y nexo de unión de las gentes de ambas vertientes.
Las fronteras del reino de Nabarra por el sur están bien delimitadas en varios pactos o Tratados Internacionales. Así, en el Pacto de Tamara del año 1127, los reyes de Nabarra y de Castilla (Alfonso I “el Batallador” y Alfonso VII respectivamente), firmaron la no agresión a la territorialidad nabarra y ratificaron con ello el pacto anterior que en 1016 selló el gran rey nabarro Sancho III el Mayor, según consta en el documento 166 del Cartulario del santuario riojano de San Millán de la Cogolla.
“Una concordia y acuerdo acerca de la división del reino entre Pamplona y Castilla, como ordenaron Sancho conde de Castilla y Sancho rey de Pamplona, tal como les pareció. Esto es, desde la suma cima al río Valle Venarie, hasta el Grañe donde está el mojón sito y collado Muño, y desde Biciercas y desde siguiendo hacia el río Razon, donde nace; después por medio del monte de Calcaño, después por la cima de la cuesta y por medio de Galaza, y allí está hasta el río Duero. Don Nuño Álvaro de Castilla y el señor Fortún el mojón, y hasta el río Tera, allí esta Garrahe (Garray), antigua ciudad abandonada, y hasta el río Duero. Don Nuño Álvaro de Castilla y el señor Fortún Oggoiz de Pamplona, testigos y confirmantes. Año 1016”.
Esta territorialidad es ratificada internacionalmente de nuevo en el laudo arbitral de Londres de 1177, conocido como “Division of Kingdons of Navarre and Spain”, en el que la representación nabarra ante el rey inglés -que hace de árbitro- reclama la devolución de los territorios invadidos en aquellos años por Castilla de: “Cudeio –bahía de Santander-, Monasterio (Rodilla), Montes de Oca, valle de San Vicente (La Riojilla), valle de Ojacastro (Rioja Alta), Cinco Villas (Siete Villas de Anguiano), Montenegro (Cameros), sierra de Alba hasta Agreda (Soria) y las tierras comprendidas entre esos puntos y Navarra…”.
Como queda escrito en los acuerdos internacionales entre los diferentes jefes de Estado, en el sur pirenaico, son nabarros los habitantes de las actuales demarcaciones de: Alta Navarra, Bizkaia, Gipuzkoa, Alaba, La Rioja completa, la parte occidental de la actual provincia de Cantabria (creada entre mediados y finales del s. XIX: Trasmiera, el Bastón de Laredo y todas las antiguas tierras Enkartadas con Castro Urdiales –todas autrigonas-), Belorado (riojilla), Bureba, montes Obarenes con Miranda de Ebro, Valle de Mena y la Castilla la Vieja, repobladas todas ellas con baskones (por tanto en aquellos siglos euskaldunes), estando la frontera en: Atapuerca, Montes de Oca, Garray (antigua Numancia), la Extremadura soriana hasta San Esteban de Gormaz y la confluencia de los ríos Duero y Tera.
En 1940 en Londres, en plena Segunda Guerra Mundial, el Consejo Nacional Vasco presidido por Manuel de Irujo redactó un anteproyecto de Constitución para la Nabarra peninsular, el cual en su artículo 5º la declaraba como unidad territorial del Estado baskón por el Sur el del reino histórico de Nabarra: "(…) Sus límites son: al Norte los Pirineos y el Golfo de Vizcaya; al Este el río Gallego; al Sur el Ebro hasta Gallur y la divisoria de las aguas entre las cuencas del Ebro y Duero a partir de Moncayo en toda la extensión de ambas vertientes; y al oeste el Cabo de Ajo (Peña Cantabria en Santander)”. En todos los mapas cartográficos internacionales éstas son las fronteras políticas aceptadas para los baskones o nabarros, tal y como se puede comprobar en “Mapas para una nación” de J.M. Esparza (edit, Txalaparta 2011).
Por el norte, en la Baskonia continental, el único pacto aceptado por todas las partes, se produjo en el año 1010 entre el rey nabarro Sancho III el Mayor y su vasallo Sancho Guillermo, conde de la Baskonia continental, y donde también estaban presentes el duque de Aquitania Guillermo V “el Grande” (ducado entre los ríos Loira al Garona) y el rey de Francia Roberto II “el Piadoso”. La reunión tuvo lugar con motivo del “redescubrimiento” de la cabeza de Juan el Bautista en Saint-Jean de Angély (Poitou), perdida tras una masacre vikinga y donde se refundó la abadía benedictina acogida a la orden cluniense del gran abad San Odilón, amigo personal de Sancho III el Mayor que introdujo después esta orden en su reino a través del principal centro espiritual del reino, el monasterio de Leire.
Después de estos pactos internacionales sólo hubo invasiones militares, a veces volvieron las tierras ocupadas a Nabarra otras no. Las principales invasiones hasta el presente del reino baskón de Nabarra en el Sur se pueden resumir en:
1054-58: Regicidio de Atapuerca: comarca de Urbel, La Bureba y Castilla Vieja (hoy llamada Merindades).
1076: Regicidio de Peñalén: Trasmiera (desde la bahía de Santander a Santoña) y montes de Oca.
1134: Gran parte de Rioja (definitiva en 1179)
1136: Apropiación del condado de Aragón, el de Sobrarbe y el de Ribagorza, así como el valle de Ansó (que no pertenecía al condado de Aragón) por el conde de Barcelona y el regulo Ramiro II “el monje” que se independiza y convierte en reino.
1173: Miranda de Ebro y el castillo de Malmasín (Arrigorriaga, Bizkaia)
1179: Comarca riojana de Logroño.
1199-1200: Las actuales Bizkaia (con las Enkartaciones completas hasta Castro Urdiales), Gipuzkoa y Alaba nuclear (con el valle de Aiala), así como Miranda de Ebro.
1463: La Sonsierra y tierras de Bernedo (hoy Rioja Alavesa y la comarca de Bernedo –ambas en Alaba- y la Sonsierra de la provincia de Rioja).
1512: Alta Navarra.
Las principales invasiones del reino baskón de Nabarra al Norte fueron:
1152-1174: Ocupación por Aquitania de la Baskonia continental (la Baskonia romanzada o Gascuña, Lapurdi y Zuberoa -ésta definitivamente en 1309-. Aún así, Lapurdi y Zuberoa mantuvieron el vasallaje también a Nabarra -Manex Goyhenetche, “Historia General del País Vasco” -)
1453: Lapurdi, Zuberoa y Gascuña en poder de Francia tras la “Guerra de los 100 años”.
1620: Ocupación militar de Baja Navarra y Bearn, más los Estados pirenaicos de Andorra y Donezan de la corona Nabarra
Tras la conquista del sur nabarro que empezó en 1054 y acabó en 1524, Baja Navarra siguió libre desde 1530 hasta 1620, pero el imperialismo español quería toda Nabarra. En 1596 “las Españas ” intentó tomar la labortana Baiona por sorpresa, que estaba bajo el “protectorado” del vizcondado independiente del Bearn que compartía jefe de Estado con la Nabarra libre (Baja Navarra), pero no los consiguió. No será el último intento de España de conquistar toda Nabarra.
En 1612-1614 se marcaron las fronteras por primera vez entre Baja y Alta Navarra. Enrique III de Nabarra, “el bearnés” (“el nabarro” en la historiografía francesa, “navarre”), implantó a los Borbones en Francia con el título de Enrique IV, coronas que mandará separar en todo mediante el Edicto de 1607. Tras la regencia de María de Médicis, esposa de Enrique III de Nabarra, subió al trono su hijo Luis XIII de Francia (1614-1642), el cual gobernó apoyándose en el cardenal Richelieu que se encargó de convertir a Francia en un país fuerte y unificado en el período llamado de “terror”, origen de la palabra “terrorista”, o como este Cardenal católico sentenció: “para hacer una tortilla, hay que romper los huevos”. En el plano internacional, la política de Luis XIII siguió orientada contra la dinastía austríaca de los Habsburgo que gobernaba en las Españas y el Imperio alemán.
El 15 de Octubre de 1620, Luis XIII rey de Francia, ayudado por el cardenal Berulle, entró con una tropa en Pau, para proclamar la unión a la corona francesa de la corona nabarra y del pueblo de Bearn, es el llamado “Edicto de la Unión”. Los Estados de Nabarra (el equivalente a un parlamento) se opusieron con fuerza pero el reino estaba militarmente ocupado por las tropas francesas. Tras el Edicto de la Unión también se anexiona Francia los Estados independientes de Bearn y Andorra así como Donezan, pertenecientes a los reyes nabarros de la familia Labrit o Albret-Foix: “(...) por este Edicto, perpetuo e irrevocable, unimos e incorporamos dicha corona y país de Navarra y nuestro país y soberanía de Bearn, Andorra y Donezan, y tierras que de ellos dependen (...)”. El reino pirenaico reunido en Juntas, rechazó el Edicto pero fue incapaz de hacer frente al poderoso ejército francés. En 1621, en el debate de los Estados de Bearn, se acordó por unanimidad declara “traidores a la patria” a todos los que aceptarán el Edicto de la Unión con Francia. Por tanto, Luis XIII no fue reconocido por los representantes de Nabarra y Bearn como su rey,
Relata Gastón Marcelo Zambelli la situación que se vivía en esos años en Europa: “El ejército sueco aniquiló a las tropas imperiales (alemanas) en la batalla de Breitenfels, Gustavo II (de Suecia) llegó luego hasta el Rin y venció en Lutzen en 1632, batalla que le costó la vida. Para enfrentarse a las victorias suecas, los Habsburgos unieron sus fuerzas. El Imperio (alemán) y España (de los Habsburgo) lucharon juntos y la victoria empezaba a decantarse a su favor, por lo que Francia decidió intervenir. Richelieu organizó la alianza europea contra los Habsburgos (Casa de Austria) contando con Suecia, Holanda, los Cantones Suizos y los principados italianos. Solo quedaron fuera Inglaterra, Rusia y Turquía”. El cardenal Richelieu que gobernaba con mano dura el reino de Francia en nombre de Luis XIII, había declarado un amenazante "tanto Navarra como el franco-condado nos pertenece".
Sigue Zabelli con su relato: "Fue en 1639 cuando la escuadra española cayó derrotada, también los tercios españoles fueron vencidos por el ejército francés en 1643-1648 en la batalla de Lens. Luego de los acontecimientos mencionados en 1648, los imperiales firmaron el Tratado de Paz de Westfalia. Este Tratado reguló las relaciones entre el Imperio (Alemania y su intransigente emperador católico, otro Fernando II) y sus miembros constituyentes por un lado, y entre Francia, Suecia y sus aliados, por el otro. Con este tratado, la estructura europea dejaba de ser vertical (presidida por el Imperio y el papado) y Europa se convertía en un mosaico de estados nacionales laicos. Es el nacimiento de la política internacional moderna.
En la frontera catalana del sur, los franceses devolvieron a los reyes españoles territorios ocupados a cambio del dominio sobre el Rosellón, el Conflent, el Vallespir y una parte de la Cerdaña. Los negociadores españoles aceptaron la mutilación de Cataluña a cambio de mantener posiciones en Flandes . Polonia, Rusia e Inglaterra no firman el Tratado. España es una de las grandes perdedoras y se resiste y continúa la guerra".
Dentro de ese contexto, en el año 1636, el ejército español saqueó Iparralde: Urruña, Ziburu y San Juan de Luz. Como respuesta, en 1638 la flota francesa sitió Hondarribia pero fue expulsada el 8 de septiembre de 1639 en un contraataque del pueblo de Hondarribia por la que recibe el título de ciudad, con la oposición de las Juntas de Gipuzkoa, pues toda la provincia había participado en la defensa -además muchos alto navarros, y Gipuzkoa entendían que ahora Hondarribia fuera su primer municipio en orden de importancia.
El ejército español en 1650 trató de tomar Baiona por sorpresa, pero la denuncia de la joven heroína local María Garai salvó la ciudad del saqueo y de la conquista. Tomando Baiona, toda Lapurdi hubiera quedado en manos del nuevo conquistador. Pero los españoles perdieron definitivamente y finalmente se firmó al “Tratado de los Pirineos”.
Así es como dos de las grandes potencias mundiales del momento, España y Francia, decidieron finalmente repartirse el reino nabarro, al ver que ninguno lo conseguía en su totalidad. La actual frontera militar española-francesa, totalmente artificial y sólo justificable por la violencia armada ejercida contra los nabarros, se fija en 1659 con el "Tratado de los Pirineos" en la isla de los Faisanes en el río Bidasoa, llamada "Konpantzia" en euskera, condominio que pertenece durante 6 meses a Irun y otros 6 a Hendaia, hoy municipios de Gipuzkoa-Lapurdi ocupados por España-Francia.
El llamado Tratado de Paz de los Pirineos se produjo después de 24 conferencias llevadas a cabo entre Luis de Haro (familia de los traidores a Nabarra) y el Cardenal italiano Mazarino en 1659 (que era la persona que realmente mandaba esos años en Francia, la primera potencia mundial para entonces); el Tratado fue ratificado por el compromiso matrimonial contraído entre el rey Luis XIV de Francia, “el rey Sol”, y la infanta española Mª Teresa hija del rey Felipe IV de España (primo-hermano suyo por doble línea).
Fue Monseñor de Olce el obispo que ofició la boda en la iglesia de Donibane Lohitzune o San Juan de Luz -en poder de Francia-, cuya puerta de salida se tapió para que nadie más pasara por ella. Para sellar el pacto-boda, se celebró por poderes en la Iglesia de Hondarribia -en poder de España- una segunda ceremonia.
En el mismo tratado, el rey de Francia, que también lo era, supuestamente, de Nabarra, renunció a sus derechos sobre el viejo reino y aceptó la actual frontera pirenaica, pero siguió usando el título de “rey de Francia y Nabarra” hasta casi la Revolución Francesa. De hecho, el primer Borbón en gobernar España, Felipe V de Anjou, en el Tratado de Utrecht de 1714 que puso fin a la sucesión dinástica, renunció ante su abuelo el rey Luis XIV de Francia a sus derechos sobre las coronas de Francia y Nabarra para ser reconocido como rey de “las Españas”, aunque estos supuestos derechos eran inexistentes en el caso de Nabarra, separados ambos reinos por su tatarabuelo Enrique III “el bearnés”, siendo la soberanía francesa como la española una simple invasión y colonización para ambos reyes, que no les daba derecho sucesorio alguno.
Este Tratado de los Pirineos, relata Pierre-Laurent Vanderplancke, “En Alta Navarra dividió el bosque de Irati y separó los lugares comunales tradicionales de pastoreo de Kintoa (Quinto Real), y, peor aún, se rompió entidades culturales y políticas muy antiguas ratificando la separación definitiva de Navarra y los territorios vascones y amputando el Rosellón y el Conflent en Cataluña, e incluso a un pueblo del norte la frontera lo separa de la iglesia y del cementerio, situados al otro lado” (Publicado por Avui - El Punt- en marzo del 2012).
En 1765 el rey español y el francés de turno firmaron el “Tratado de Elizondo” (Baztan), para marcar la frontera entre Baja Navarra y Alta Navarra, pues no estaba marcada en su detalle. El más claro ejemplo de lo arbitrario de esta división -que recuerda a la división de África con escuadra y cartabón-, es el pueblo de Luzaide, famoso por la estrepitosa derrota en el año 778 en el mismo del emperador franco Carlomagno de la que toma su nombre romance “Valcarlos”. El municipio de Luzaide-Valcarlos, quedó en parte para España dentro de Alta Navarra y en parte para Francia dentro de Baja Navarra, siendo la parroquia del barrio Ondarrola la de Luzaide pero su ayuntamiento el del barrio de Arnegi, el cual quedó en Baja Navarra convirtiéndose en un nuevo municipio y por tanto como colonia francesa. Urdazubi, Zugarramurdi y Luzaide son poblaciones hoy alto navarras pero insertadas tardíamente en esta nueva frontera política por lo que hablan todavía los dialectos labortano y bajo navarro.
Lo cierto es que hasta el "Tratado de Baiona" de 1856, reinando Isabel II en España y el emperador Napoleón III en Francia, el río Bidasoa no fue frontera entre ambos imperios. Ambas orillas del río en su desembocadura al mar Cantábrico eran jurisdicción de Hondarribia e incluso la población de Hendaia (hoy dentro del Imperio francés) no era sino un barrio de dos casas (Iturriaga y Etxeberri) de la localidad gipuzkoana. El barrio de Behobia en Irun se situaba a ambos lados del río (hoy Behobia y Behobia-Pausu). En ese tratado, el valle de Aldude, que hasta entonces había formado una unidad territorial, queda dividida entre los dos Estados conquistadores del Estado de Nabarra, País Baskón, que se reparten el botín de guerra. Además se situaron las demarcaciones entre Alta y Baja Navarra en el Baztan, Valderro y Baigorri. Así son varios los pueblos del Pirineo que vieron como la nueva frontera imperialista pasaba por la mitad de los mismos. En 1868 se marcaron la frontera ambos imperios a la altura de Huesca y Lleida.
Tras todo este reparto del botín del reino baskón de Nabarra, la frontera entre España y Francia tiene actualmente 602 mojones divisorios. El mojón con el número 1 lo pusieron los imperialistas en la margen derecha del río Bidasoa, debajo del puente de Endarlatsa y el acantilado de Txapitelakoarria. En este lugar confluyen los municipios de Irun (Gipuzkoa), Biriatu (Lapurdi) y Bera (Alta Navarra). El último mojón que divide el Pirineo está en Cap Cèrbere (Cataluña). Está claro que los verdaderos separatistas son los imperialistas españoles y franceses que nos imponen una “muga” (frontera) totalmente artificial en nuestro hábitat natural que siempre han sido los Pirineos, fruto de la brutal violencia armada que han ejercido y ejercen contra nuestro pueblo.
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